Keynes contra la política del error

A raíz de la crisis devastadora de 2009, los economistas liberales Carmen Reinhart y Kenneth Roggoff, ambos profesores de la Universidad de Harvard, aunaron fuerzas para combatir el desplome financiero que sufrían los países de Occidente. Su artículo “Growth in a time of debt”, publicado en 2010, estudiaba diferentes economías occidentales desde 1946 hasta 2009, llegando a la conclusión de que, superando un umbral crítico del 90% en función de la deuda pública, el crecimiento del PIB se convertía en negativo. En resumen, señalaba a la deuda pública como la gran enemiga histórica del crecimiento económico.

El estudio fue un éxito rotundo. La prensa financiera lo calificó de visionario. El FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea utilizaron el trabajo de Reinhart y Roggoff como argumento fundamental para desarrollar las políticas que recortaron de forma indiscriminada el gasto público de los países.

La crisis Griega afianzo la creencia ciega en estas medidas presentando al país heleno como ejemplo de “lo que no se debe hacer” en materia económica.

Y no sería por las voces que, desde el primer momento, criticaron la gran teoría de aquellos que The Whasington Post llamaba “Los economistas”, como si ellos dos fueran los únicos…

La controversia fue en aumento, pues muchos sabían que una correlación negativa entre la deuda de un país y el comportamiento de su economía no significaba obligatoriamente que una deuda elevada fuese responsable de un crecimiento lento. Lo cierto es que, desde una visión  crítica, el análisis de los profesores Reinhart y Roggoff dejaba demasiados cabos sueltos.

Por ejemplo, el estudio revelaba que un endeudamiento del 90% alteraba el crecimiento de la economía en un -0,1%, pero también explicaba que en circunstancias de menor endeudamiento, entre un 60 y un 90%, el crecimiento no solo seguía siendo positivo, sino que alcanzaba un 2,80%. Entonces, ¿Qué sucede en la economía de un país para que, al pasar del 89 al 90% de deuda, el crecimiento se contraiga casi un 3%? El análisis tampoco fundamentaba la existencia de un punto de quiebre.

De hecho, países como Bélgica o Nueva Zelanda fueron obviados por pura exclusión selectiva, así como otros países que, aun superando el umbral crítico, seguían teniendo un crecimiento positivo, además de utilizar métodos muy poco fiables para ponderar a cada país. Reinhart y Roggoff se dedicaron a esculpir a su gusto los datos del estudio, con el objeto de argumentar su teoría sobre la “devastadora” deuda pública.

Finalmente, tras las innumerables críticas recibidas, y, al tratarse de un artículo con tanto peso político,  en 2013, los autores permitieron a Thomas Herndon, Bob Pollin (asesor económico de Podemos) y Michael Ash revisar las hojas de cálculo originales.

De pronto, el argumento “bíblico” e irrefutable que justificaba las políticas de austeridad llevadas a cabo en medio mundo, las mismas que han destruido millones de puestos de trabajo  en España, la mismas que han dejado en los huesos a la educación y la sanidad en nuestro país; se descompuso en 26 hojas plagadas de omisión de datos, procedimientos estadísticos inverosímiles, errores de codificación en Excel y una enorme herida abierta en la credibilidad de todas las instituciones que apoyaron la teoría de los profesores Reinhart y Roggoff.

Keynes jamás utilizó Excel. Tampoco lo utilizó Hanlon en su adagio:

“Nunca atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez”.

 

 

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